En 1993 sufrí un grave accidente en territorio argentino. Tras un mes en coma volví a la vida. Hoy, 20 años después, puedo transmitir un mensaje esperanzador y motivador que permita entender que en la vida todo es posible con fe, esfuerzo y dedicación, pero por sobre todo ganas de doblarle la mano al destino... Las charlas pretenden ser un incentivo en el trabajo, mejorar relaciones labores y personales.

jueves, 15 de noviembre de 2012

REFLEXIONES

El 14 de marzo de 1993 cambió mi vida para siempre… 

-Nunca pedí cuentas, ni al destino, ni a Dios. 
-Dios te dejó vivo, ahora depende de ti. 
-Sin el afecto de las personas ninguna recuperación es exitosa. 
-Era una posibilidad de ganarle al destino. 
-Mi meta, a corto plazo, fue que la terapia diaria tenía que ser mejor que la del día anterior. Y a largo plazo, no quería que se me notara el accidente, y no ser una carga para los que me rodean. 
-Cuando llegaba a las partes más dolorosas de las terapias fue cuando con más dedicación y ganas las afronté. 
-Uno puede ir contra los pronósticos y demostrar que los pesimistas, son eso pesimistas. 
-Nadie tiene la verdad ni la certeza absoluta en una recuperación, lo único cierto es el esfuerzo que entregas a las terapias. Lo di todo 
-Nunca dude que lograría una buena recuperación. 
-Cuando se me olvido caminar fue cuando apareció toda mi fuerza interior. 
-Me retaban por hacer muchos ejercicios no por no hacerlos. 
-Nunca tomé el accidente como excusa. 
-Han sido años de recuperación, cada día me siento mejor. No voy a parar nunca de luchar. 
-Que el pasado no sea un presente, ni que condicione el futuro. 
-Disfrutar la vida, partiendo de tus seres queridos.
-Después del accidente gocé hasta de atravesar la calle. 
-Según mi doctor en una recuperación el 10 % es de los cuidados familiares, el otro 10% del equipo médico y el 80% del enfermo, pero ese 20% que no depende de ti. Es fundamental. 
-A mi madre le dijeron los doctores,  en Argentina, que serían cinco años mínimo de recuperación. La hice en 10 meses. Ese fue el tiempo que me demoré en volver a trabajar, un domingo 9 de enero de 1994. 

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